

“Al reivindicar la inocencia, no estamos reivindicando la ingenuidad en absoluto, sino más bien un no-estado de alerta que no nos ponga entre las cuerdas de la desconfianza, la crítica y la negatividad. Es decir, mal pensar absolutamente de todo y de todos. Se invoca un-estar en paz con todo y con todos, pero con el intelecto bien claro y atento. Con un ejemplo lo podríamos definir: los padres cuando ven que su pequeño dice o hace algo no correcto a causa de su desconocimiento, no se lo tiene en cuenta, porque es un bebé. Ese es el estado que es deseable de tolerancia y de pasar por alto. Ser inocentes como Dios, nuestro Padre.”