| Reflexión de la Semana 27 de diciembre, 2015
Cómo “influir” en el ambiente
Tenemos la libertad de elegir nuestra conducta. Podemos ser aquellos cuyas conductas se influyen por el ambiente, o podemos ser los que cambian el ambiente. Al modelar las virtudes, ejercitar los poderes del ser y dejar que los valores más internos nos guíen, nos convertimos en la personificación de esos poderes, virtudes y valores. En otras palabras, manifestando estos atributos positivos y creencias a través de nuestra conducta, sentimos esa experiencia dentro de nosotros y servimos de ejemplo para los demás. La mayor autoridad es la experiencia ya que tiene la capacidad de influir a los demás, y a la vez, puede influir sutilmente en el ambiente de una forma poderosa. Enviar pensamientos puros y buenos deseos a los demás es una forma poderosa de comunicarse en silencio. Los pensamientos puros se siembran en la conciencia de respeto hacia el valor inherente, hacia las especialidades y la singularidad de uno mismo y los demás. A partir de la semilla del pensamiento puro crecen los sentimientos sinceros de buenos deseos así como el reconocimiento de las fortalezas de los demás, no de las debilidades que se puedan haber desarrollado durante el curso normal de la vida. Enviar esta carga positiva a la atmósfera tiene su recompensa. No solamente se beneficia el receptor de estas vibraciones puras, sino que el emisor experimenta el retorno positivo, que se puede manifestar en la forma de buenos pensamientos para uno mismo, para los demás, o alguna forma de logros. Los pensamientos puros y los buenos deseos pueden enviarse a individuos, grupos, para tareas o actividades, hacia la naturaleza, hacia el mundo, etc. Esa forma de comunicación es un buen hábito a cultivar y se fortalece cuando los pensamientos se apoyan en palabras beneficiosas y actividades valiosas. |
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