
Si tuviera que definir la mente, diría que es la pantalla en donde se “visualizan” los pensamientos que generamos. También la podría definir como el piloto automático que va proyectando imágenes aleatorias con el fin de tenernos entretenidos. En India, a esta segunda definición la llaman Maya. De echo, es una identificación muy certera. Maya es la “ilusión óptica” que nos mantiene dormidos; dejamos que rija nuestra percepción del mundo. Nos mantenemos sin tener que pensar demasiado, con un almacén de pensamientos fijados que la mente va proyectando sobre su pantalla, y así…, vamos yendo por la vida.
En el momento que nos revelamos y decimos: “¡a partir de ahora voy a trabajar un poco!”…, empiezan los problemas.
La mente, como un dispositivo que se ha automatizado, no puede parar por sí sola; no dejará de hacer sus envíos constantes, no dejará de interferir; no dejará de “sobre calentarse” cuando tenemos problemas de cualquier índole, dado vueltas y más vueltas inútilmente sobre el asunto que nos preocupa, sin encontrar una buena salida. Es el alma (yo), la que puede pensar correctamente, la mente solo repite esquemas.
La meditación es el tratamiento coadyuvante para la mente; la medicina para la mente surge de ella: calma, serenidad, control de lo aleatorio, etc. Es un tratamiento largo y casi me atrevo a decir sin fin. Pero, al contrario que en la medicina sanitaria…, no hay efectos adversos, o efectos no deseados debido a una excesiva medicación.