(¿Cómo debe ser el paraíso, que no podamos imaginarlo ahora, creyendo muchos (los que lo tienen todo) que ya están en él? ¿Cómo puedo entender la belleza del mundo nuevo, si me aferro a la fealdad de lo que ven mis ojos en este mundo, que ahora causa tanto sufrimiento? Sólo si antes hemos visto la belleza, la podremos imaginar.)
[Creo adivinar que en nuestro interior existe algún patrón de belleza diferente en cada uno de nosotros. Pero la belleza del mundo nuevo es exactamente siempre la misma: absolutamente pura; tanto en los elementos físicos como en la psique humana que entonces existe. Así pues, nuestra tarea, si queremos “hacer juego” con este mundo que pronto se va a transformar radicalmente, es transformarnos nosotros antes; tal y como el Padre nos advierte: “haceos vosotros mismos dignos de ir al paraíso”]