
En este mundo y en esta vida tenemos la oportunidad de comprobar qué es la dependencia, el apego, y qué es la independencia o el desapego. Pero muchos nos vamos de este mundo sin haber aprendido la lección y solo nos quedamos con el regusto amargo de haber experimentado la soledad o el abandono de las muchas relaciones y lazos que establecemos. También, las madres experimentamos por primera vez qué es dejar el yo de lado cuando un bebé está en nuestro regazo, pero si no estamos atentas, puede que eso se convierta en un lazo demasiado estrecho que llegue a asfixiarnos o a asfixiar al hijo al crecer. En el equilibrio está la armonía y el bienestar del alma de cada uno.


En el estado de meditación llegamos a encontrar la estabilidad necesaria para poder analizar nuestro comportamiento; no es que cuando sienta desequilibrio en mi interior me haya de encerrar en “mi cuarto especial de meditar”, sino que la practica de la meditación diaria me dará la pauta de como centrarme en cualquier momento, lugar y situación que me encuentre y volver a recuperar mi estado de equilibrio in situ, cuando lo necesite.