
Por muy buenos deseos que nos repartamos entre nosotros, por muchas esperanzas que tengamos en el tiempo que empieza, por mucho que deseemos alcanzar metas…, a menos que nos pongamos a hacerlo.., a menos que nos fijemos una fecha límite para realizarlo…, a menos que nos propongamos hacer aquello que está en nuestros deseos…, el próximo año estaremos deseando, esperando y esperando.., hasta el fin de los tiempos, y cada año será una espina más, clavada en nuestra autoestima. ¿Somos capaces de transformar todo lo que no nos gusta de nosotros? ¿o, estamos esperando que una “mano mágica” lo haga por nosotros mientras estamos disfrutando de nuestro sofá?
El mundo no va a cambiar por sí solo con desearlo. Aladino está en nuestro interior, somos nosotros, el alma que lo puede todo. ¿El 2018 será otro año más en la lista de los deseos rotos? ¿o nos podremos reunir otra vez con más fuerza, la de los deseos en que hemos trabajado?